Hoy El Economista recoge una opinión de Oti González, MAO Creative think tank, que me ha llamado gustado leer, porque creo que dice bastantes verdades (o argumentos que comparto con él en mi humilde opinión, al menos).
Se titula “El enemigo es el Powerpoint”, y se resume en la frase del general Stanley McChrystal: “el PowerPoint es peligroso porque nos da una sensación falsa de control sobre la realidad, así como sustituye la comprensión real de un problema por una lista de factores”.
Oti continúa diciendo que a veces nos refugiamos en el PowerPoint para no tener que enfrentarnos a lo que pasa realmente, generando gráficos y presentaciones que hacen que uno realmente pierda la perspectiva. Yo personalmente he recibido algunas presentaciones que no había por dónde cogerlas, mientras la persona que lo mandaba pensaba que de ese modo estaba justificando su trabajo y dando por zanjado el envío de información por su parte.
Lo que falta, también en mi opinión, es la interpretación o, al menos, que la información recogida en el PowerPoint sea interpretable, lógica, comprensible, que hile, en definitiva, que diga algo y ese algo pueda ser contado con un objetivo y para alcanzar ciertas conclusiones.
Oti pone algunos ejemplos como la forma en la que presentó sus cifras en su momento el Banco Central Griego a la CE, también pone como ejemplo a Madoff, a Lehman Brothers…. Cuestiona si quizá esa falta de interpretación acertada de la realidad condujo a lo que condujo en cada uno de los casos, y si en eso influyó el empleo del PowerPoint. Algo que puede parecer exagerado, pero que no está nada mal enfocado (porque de pequeños errores/ falta de comprensión acumulados, surgen también los grandes problemas).
Termina trasladando el tema a su terreno, que es la publicidad. Se plantea la forma de medir el éxito de un vídeo muy bien producido, en forma de “amigos en Facebook”, “visitas a la web”, “posts en el blog”, etc. “¿Cuánto de ese ruido digital se convierte realmente en algo mensurable?”.
En definitiva, muchas veces habría que acompañar los datos de su correspondiente interpretación trasladándolos a la realidad y “traduciéndolos” a un argumento comprensible, convincente e indicativo de algo. De lo contrario, volveremos a la época del colegio, donde nos bastaba con memorizar datos para soltarlos en el examen, muchas veces sin saber exactamente de qué estábamos hablando.
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Muchas gracias! Qué subidón me ha dado ver que alguien comentaba mi artículo!